Propósito: reducir la frustración

Cada uno de nosotros toleramos poco una emoción.

Algunas personas tienen miedo del miedo y desarrollan fobias sin parar. Que si al avión, que si al metro, que si a los ascensores… Otros huyen de las sorpresas y quieren todo bajo control de forma milimétrica.

A algunos no les gusta la alegría espontánea, por eso se entierran bajo montañas de sarcasmo e ironía, no vaya a ser que les salgan campanillas de las orejas al sonreír sinceramente.

Cada uno de nosotros tiene una emoción no favorita. La mía es la frustración.

Para mí, la frustración es una mezcla de ira, con impaciencia, con un toque de desesperación. No me gusta nada, de nada, de nada. 

Hace ya 15 años que comencé a crear empresas y, durante este tiempo, he ido identificando aquellas áreas, procesos y tareas que más frustración me generan. He ideado de todo para no tener que hacerlas. Por ejemplo, me frustran mucho las tareas repetitivas. Ni siquiera soy capaz de jugar a juegos de plataformas, como el Mario Bros, o de ver películas repetitivas, como El Día de la Marmota.

Simplemente es algo que saca de mi toda la frustración del mundo. Me genera, como decía antes, ira, impaciencia y mucha desesperación.

En estos años de trabajo, he visto que hay un proceso concreto que genera mucha, mucha, mucha frustración a todos los implicados. 

Ese proceso tiene que ver con la incorporación de personas a la empresa. He visto pocas veces a las personas disfrutar cribando CV, haciendo entrevistas telefónicas, programando entrevistas presenciales y enviando emails de “lo siento”.

Pese a que estas tareas podrían ser muy satisfactorias al conocer a personas que podrían ser compañeros y amigos; la realidad es que he visto que es una fuente continua de frustración para reclutadores y candidatos.

Durante el reclutamiento hay muchas emociones por ambas partes, tanto de la empresa como de la persona que quiere el puesto. Hay mucho en juego y las expectativas campan a sus anchas. Cualquier movimiento parece ser en falso y las inseguridades afloran por doquier.

No es una cuestión sencilla, no.

La emoción que más me gusta es la ilusión que genera tener un propósito y dar pasos para conseguirlo. Durante toda mi vida he tenido un fuerte sentido de lo que debía de hacer y me daba fuerza para seguir adelante.

Al principio eran sueños cercanos, como terminar la carrera, o vivir con mi novio. Luego se fueron haciendo más potentes, como tener familia numerosa, criar a mis hijos yo misma o vivir cómodamente.

Según me voy haciendo mayor, mi ilusión va creciendo a la par que mi sentido del propósito. Hace años que tengo el foco en ayudar a las personas en su crecimiento profesional y personal. Y una forma de hacerlo es reduciendo la frustración. En Psicología se llama refuerzo negativo. No sólo me das un premio, sino que me quitas algo que me fastidia.

Mi propósito con Hiwook es disminuir la frustración a la par de la persona consigue igualdad de oportunidades de acceso al empleo y la empresa accede a talento oculto al que le era imposible llegar. Es mi sueño. Nadie dijo que tuviéramos sueños pequeños, ¿verdad? 🙂

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