La experiencia sin aprendizaje continuo, sirve de bien poco

¿Sabías que los botes de cristal se abren muy fácilmente si introduces el palo de la cuchara debajo de la tapa? ¿O que los plátanos se abren mejor por la parte de abajo?¿Y que, cuando envuelves en papel aluminio, la parte brillante es la de adentro?

El que hayamos hecho una cosa un trillón de veces, no indica que lo hayamos hecho bien ninguna de ellas.

Conozco a una persona que utiliza la calculadora para sumar los tickets del mes y luego pone el resultado en una celda de Excel. También tengo un amigo que hace una foto a la pantalla del PC y nos la envía por email en lugar de hacer una captura de pantalla con Windows. Conozco detalles y detalles de cosas que “hacemos mal” o al menos “no bien” pese a que las hagamos diariamente.

Por eso, la experiencia sin aprendizaje continuo, sirve de bien poco.

Si te suena ese tópico de que una persona se convierte en experto después de 10.000 horas de práctica, puede que también conozcas los resultados de una investigación científica realizada por el psicólogo sueco K. Anders Ericsson en la que dice que, la práctica en sí misma no conduce a la mejora. Para ello, debe tratarse de PRÁCTICA DELIBERADA.

La práctica deliberada consiste en practicar, pero siempre desde la búsqueda insaciable de la mejora continua. Un ejemplo podría ser el siguiente: puedes nadar millones de kilómetros en un año, pero si nadie te dice cómo es la mejor técnica y haces una evaluación en cada brazada para minimizar los errores, no lograrás llegar muy lejos. Literalmente.

 

 

Así es cómo las personas nos convertimos en expertos: después de practicar mucho consiguiendo mucho feedback de forma continua y, también identificando y puliendo cada uno de los errores. En la práctica deliberada, tan importante es la parte de tener práctica (experiencia) como la de que sea deliberada, es decir, en una búsqueda continua de la mejora y de la excelencia.

Supongo que, cuando como responsable de incorporar a un equipo a una persona, buscas a alguien “con experiencia”, lo que realmente estás buscando a esa persona que ha pasado mucho tiempo practicando en su área pero también, de forma unida, y absolutamente necesaria, ha utilizado cada minuto de práctica para mejorar. Es decir, buscas a alguien con experiencia y que realmente sea un experto.

Si, a través de un CV, sólo miras el tiempo que alguien ha dedicado a una tarea, puedes ver la dedicación, pero no los resultados de los aprendizajes obligados que ha debido conseguir para realmente ser el profesional experto que buscas. Pero, ¿Cómo evaluar eso? Desde luego, no sólo mirando el número de años, sino también otros aspectos.

Puedes pensar que el CV también tiene descritos los logros de esa persona, que son el reflejo de haberse convertido en ese experto o especialista que buscas. Vamos ahora a hablar de ese tema, porque tiene miga.

Tengo una amiga que cuenta cada cosa que le pasa como si fuera una odisea. Si es algo no deseable, como quedarse 10 segundos en el ascensor entre dos plantas, ella lo contará como si hubiera superado una travesía de dos días en el desierto. Si su jefe le da una palmadita en la espalda por haber realizado bien una tarea, ella lo cuenta como si hubiera sacado a la empresa de la quiebra inminente y fuese la heroína del momento. Hasta se extraña un poco de que los demás no se hayan dado cuenta de la gran obra benéfica que fue capaz de realizar.

Desde luego, no hay nada más humano que relatar nuestras vivencias desde un punto de vista que nos favorezca, ya sea para ser vistos como héroes o como víctimas. Y, además, esto no se hace con el ánimo de engañar a nadie, sino con el convencimiento de ser una realidad.

Cuando intentamos reflejar nuestros logros en nuestro CV, ese deseo de atención y de aceptación se acrecienta aún más si cabe. Por ello, nuestros logros mundanos serán hazañas que salvan empresas de miles de personas. Y cuando alguien nos agravia, será porque la otra persona es el ser más maligno del universo. No hay nada más humano que ello.

Y por nuestro lado, como profesionales del área que somos, somos conscientes de que las personas somos personas todo el rato y, por ello, nuestro grado de excelencia en un campo es difícilmente medible por el tiempo que llevemos haciendo esa tarea, así como la forma en la que describamos los logros.

Si lo que quieres, como yo, son personas capaces, te propongo que te fijes en lo que realmente demuestran hacer, más que en lo que dicen hacer o en lo que tú piensas que saben hacer. Sigue a rajatabla lo de “los hechos hablan tan alto que no me dejan oír lo que dices”.

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