Me deprimo cuando pienso que me quedan 20 años en este trabajo

Dijo Gardel que 20 años no son nada, qué febril la mirada, en ese tango que se llamó Volver. Quizás fuera verdad en 1934, cuando se compuso y se grabó la canción, aunque lo dudo. Lo que sí sé a ciencia cierta es que hoy es una mentira gigantesca.

20 años. Nada menos.

Hace 20 años el Presidente del Gobierno de España era José María Aznar y Bill Clinton mandaba en la Casa Blanca; no sabíamos quién era Monica Lewinsky.

Hace 20 años el Real Madrid ganaba la Copa de Europa. Era su séptima. Hacía 32 años que no la ganaba, aunque eso pueda sonarle a ciencia-ficción a la generación actual.

Hablando de ciencia-ficción, hace 20 años estaban de moda películas de grandes catástrofes y héroes redentores que se dejaban la vida por la humanidad. Las películas de superhéroes como las conocemos hoy apenas si eran marginales. Y Star Wars era una franquicia que contaba con… tres películas.

En los últimos 20 años hemos pasado de no tener teléfono más que en casa a no poder salir de casa sin teléfono. A no poder casi que ni cambiar de habitación sin el teléfono en la mano. En los últimos 20 años internet ha pasado de ser un sueño loco, una idea utópica, a un mundo más real incluso que el físico que nos rodea.

Las dos décadas que nos miran más de cerca en la historia han visto como pasábamos de programas en la televisión a emisiones en stream en youtube como método de comunicación estándar, al menos de los más jóvenes. De programas generalistas de radio con estática a podcasts temáticos. De ir a la tienda a comprar el disco que te gustaba y rezar para que fuera bueno, desgastarlo a fuerza de insistir porque había costado un dinero y no había para más, a poder escucharlo todo en un click. De ver lo que te echaban a ponerte series de Netflix a tu ritmo.

20 años de cambios sociales nos han llevado a una sociedad mucho más abierta, tolerante, integradora. Nada es lo mismo.

Entonces ¿cómo narices puede ser que me imagine los próximos 20 años con mi mismo puesto de trabajo, haciendo exactamente lo mismo?

Es incongruente. Es absurdo. Es depresivo. Y, lo más importante, es imposible.

Es imposible.

Porque el ritmo de aceleración del cambio es tan acusado que las próximas dos décadas nos van a parecer bólidos de velocidad supersónica al lado de lo que hemos visto hasta ahora. Vamos a tener que adaptarnos a los nuevos tiempos. Los trabajos van a cambiar casi a diario. Las empresas mutarán ante nuestros propios ojos y el imaginarnos repitiendo las mismas operaciones, en los mismo lugares, por los próximos 20 años, como puede que les pasara a nuestros padres, es un sinsentido.

Además, ¿por qué habríamos de quererlo? El futuro es nuestro invento, nuestra mentira, más excitante. No tenemos ni idea de lo que viene, ni a la aceleración que se nos viene encima, pero sí sabemos que habrá que afrontarlo con curiosidad y alegría y no con temor o con el vano intento de manener el status quo actual, porque eso es, sencillamente, imposible.

Algo que incluye tu trabajo actual. No sólo no hay ninguna posibilidad de que lo sigas haciendo en el futuro cercano, sino que apegarte a él puede condenarte a un mundo de insatisfacciones. Primero porque la rutina suele acabar hasta con los espíritus más fuertes, porque la perspectiva de pensar que vas a ocupar todo el resto de tu vida laboral en una suerte de día de la marmota perpetuo no puede ser asumido por ningún ser humano más que con hartazgo y sensación de claustrofobia. Y segundo porque, como digo, es un constructo que no tiene sentido en el mundo actual.

Así que cuanto antes se asuma mejor. Mejor para el cuerpo, para la mente, para la motivación y para la capacidad de cambio que vamos a necesitar: el mundo de dentro de dos décadas estará a años-luz del actual, y parece que esta hipérbole no es palabrería sin más. Viajes a Marte, transportes eléctricos supersónicos, inteligencia artificiales en chips cerebrales, digitalización de cada proceso que hagamos, robots, trabajos genéticos en alimentos, protección del medio ambiente mediante investigaciones hoy inimaginables.

Nada será lo mismo, y nada tiene por qué serlo. Si te deprime pensar que tienes que ir a tu puesto de trabajo cada día de los próximos 20 años, tranquilo: eso es completamente imposible que vaya a pasar. Prepararse, adaptarse, no dejar de buscar otros trabajos, otras empresas, ser curioso… va a pasar de ser una cualidad a una necesidad.