Por dónde empiezo a buscar trabajo

Vale. Ya está. Decidido. Es hora de coger este asunto por los cuernos y afrontar que tengo que buscar trabajo de otra manera. Perpetuar la situación no tiene ningún sentido. No estoy cómodo y es seguro que manteniendo la inercia, no haciendo algo más que cumplir, no voy a encontrar acomodo de repente. Así que desde hoy mismo me lanzo a por otro futuro.

Pero, ay, amigo ¿cómo? ¿por dónde empiezo a buscar trabajo? Porque no es la primera vez que empiezo este proceso y creo que me ha pasado de todo.

Empecé de chaval con una empresa de trabajo temporal. Con que alegría me despidió mi madre en el quicio de la puerta, tú, que parecía que me iba a hacer Las Américas. “Responde a todo lo que te pregunten con sinceridad, que con sinceridad se llega a todas partes”. Sí. Y a toda velocidad, má.

Allí me planté y en su fiesta me colé, con mi carrerita y mis prácticas, mis sugerencias atendidas de puesto de trabajo preferido, mis habilidades, mis sueños y deseos. Entrar en algún sitio por la puerta de atrás y deslumbrar a todos los presentes con mi buen hacer, mi carisma, mi inteligencia. La mujer que me tomaba nota sonreía, supongo que sabía lo que venía, claro. De todo aquello salieron veinticuatro horas haciendo mudanzas y doce de camarero en un catering en la Embajada de Italia. He ahí mi carrerita y mi experiencia y mis prácticas y mi saber hacer.

Con mi perspicacia habitual, me di cuenta de que así no. No, no, no. No. Así que pasé el curriculumazo y tente tieso. Me decía mi madre: “A poco que vayas bien peinado y bien vestido te van a hacer caso. A todo el mundo bien peinado y bien vestido le hacen caso”. Sí. Y te invitan a conocer a sus hijas, má.

Todas las mañanas por las empresas del sector que me interesaba, llegando a la puerta, hablando con la primera persona que me encontraba y diciéndole dónde te dejo ésto, que soy la next big thing, colegas. Déjalo por aquí, me decían, que ya lo hago yo llegar a arriba. ¿Dónde sería arriba? No sé, pero muy alto. Tanto que ni llegaban los cables de teléfono, ni los datos móviles, ni nada. Pobres. Jamás llamaron.

Internet. Claro, internet. ¿Cómo no se me ocurrió antes? Internet lo arreglará. Diseñar ese mismo curriculum con cierto mimo, ya menos que el del anterior paso, para que os voy a engañar, y meterlo en portales especializados. Y echar, claro, para todo puesto de trabajo existente en mi sector. Todos los días repasar si ha salido algo o no y mirar el contador de cuantos peregrinos como yo iban mandando el papelajo digital a la empresa en cuestión. “Tú insiste, que si ven que lo mandas varias veces es que ven que están interesado”. Sí. Interesado en darles la mañana, má.

Porque, claro, ahí aparece mi sin par empatía y me imagino al gestor de recursos humanos recibiendo, tiremos por los bajo, cuatrocientos peticiones de entrevista para el puestecillo que se ha abierto en la empresa y queriendo pegarse un tiro antes que leer cuanto sabemos de inglés, cielos, que estamos para ser traductores, lo mucho que manejamos la informática, los hackers del barrio, y todas esas cosas que hemos estudiado y que de tantísima utilidad van a serles a ellos. Qué maravilla de proceso de selección. Es capaz de desestimar candidatos por la primera coma que no le cuadra. ¿Cómo va a ser de otra manera? Gastaría un año entero en conocer a todos y cada uno de los aspirantes.

Lo cierto es que sí que llaman algunos. Más que con otros métodos desde luego. Y es ahí donde te das cuenta de que tu madre, esa santa, está un poquito equivocada. Porque somos decenas, decenas de decenas, esperando para una minientrevista donde el porcentaje de caso que te hacen es escasísimo porque, eh, es que no puede ser de otra manera. El tiempo es finito para todos. Y la capacidad de concentración también.

¿Entonces? Vuelta al principio. Tengo que encontrar trabajo de una vez y no puedo hacerlo con los métodos que conozco… porque no me han funcionado. No sé como romper la barrera que me separa de las personas que deben oírme. No sé como cruzar la puerta en la que me dejen explicarles porqué sería una persona ideal para su empresa y porqué no se iban a arrepentir de contratarme. No tiene sentido que siga entrando por un aro que se convierte en embudo y que me deja siempre fuera.

Necesito demostrar de lo que soy capaz sin que enfrente haya alguien hastiado de ver personas que se le acaban haciendo borrosas por ser todas la misma. Un método en el que quede claro lo que valgo y que cuando me lleve a la entrevista final todo en la habitación sepamos que hay igualdad de condiciones para, por lo menos, ser escuchado. No creo pedir mucho.